EL PUNTO DE NO RETORNO

Che, Arturo:
mirá al país;
por lo menos,
asomá la nariz.
Era un tanto obvia la alusión al prominente apéndice nasal del nacido en Corrientes que se dirigía siempre a los veinte milliones de argentinos.
Al retomar por Rivadavia y pasar frente a la Catedral no se anduvieron con chiquitas ni remilgos: la silbatina casi apagó la lámpara votiva. Y también el no menos sentido:
A la lata, al latero:
que manden a los curas
a los pozos petroleros.
Pasado este punto, el rector de la UBA se apartó subiendo a un auto y la columna tomó Diagonal Norte, Obelisco, Corrientes, Callao y al llegar a Congreso no va que se encuentran cara a cara con un acto que habían organizado los verdes. Se pegaron a conciencia con lo que encontraron a mano y con las manos hasta que los gases lacrimógenos volvieron irrespirable y desierta toda la zona, súbitamente londinense.
Esa misma mañana, en Montevideo y Charcas, una columna laica se había detenido frente al Champagnat decidida a dejarlo sin vidrios. De adentro contestaron con las mangueras contra incendios y el resto se dio a mano limpia. En Juncal al 1200 y en Santa Fe al 1600 también se habían producido topadas ocasionales. Los balances periodísticos de las crónicas de las trifulcas marcan claramente la época y los valores. En uno, donde la habían emprendido contra una vidriera de un negocio de antigüedades, el dueño había evaluado las pérdidas ocasionadas en unos 360 dólares de entonces. En una zapatería paqueta, a la que también le habían bajado los cristales que daban a la calle, la evaluación ascendía a 300 de la misma moneda.
Al comienzo